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martes, 2 de marzo de 2010

EL BUEN HACER DEL COMITÉ DE DIRECCIÓN

El comité de Dirección de una empresa es un órgano colegiado para la dirección de la misma que tiene un impacto decisivo en sus resultados. Hoy en día es absolutamente impensable que una sola persona, por muy capaz que sea, pueda dirigir con éxito una empresa en solitario, debido a la complejidad, tanto externa como interna, en la que se desenvuelven nuestras organizaciones. Por ello es práctica común, en la mayoría de las mismas, el disponer formalmente de un Comité de Dirección, aunque esto no es garantía de nada si su funcionamiento no es el adecuado. Pero, ¿Dónde está la diferencia entre un Comité de Dirección que funciona eficazmente y uno que no funciona y que, en consecuencia, no sólo no impacta positivamente en los resultados sino, lo que es peor, produce disfuncionamientos en la empresa? En primer lugar, la diferencia reside en la concepción que cada uno de los miembros que componen el Comité, generalmente todos los directores funcionales y operativos presididos por el primer ejecutivo de la empresa, tienen del mismo. Es muy importante tener en cuenta que el Comité de Dirección es un órgano para dirigir la empresa y por ello los componentes del mismo, cuando interactúan en el Comité, tienen que ser conscientes de que están a un nivel superior a cuando están dirigiendo su departamento. Están, sencillamente, dirigiendo la empresa y ello requiere una visión bastante distinta de las cosas, actuando en favor del equipo y las responsabilidades comunes. En un verdadero Comité de Dirección, los problemas no son, de tal o cual departamento, sino de toda la empresa y ello para sus componentes, además de actuar con la generosidad necesaria, supone el tener una visión común y unos objetivos comunes que no pueden ser otros que los objetivos de la empresa, por encima de los objetivos de cada departamento. En segundo lugar la diferencia también reside en si el Comité de Dirección es un equipo verdadero o es solamente un grupo de directores que se reúne periódicamente. El funcionamiento del Comité de Dirección como un equipo de Alto Rendimiento supone cuidar los aspectos “soft” del mismo y los aspectos “hard” de su funcionamiento, frecuentemente relegados a un segundo plano.
o En los aspectos “soft” se incluyen: el tener una visión común de la empresa y una misión común como equipo, el desarrollo de la confianza entre los distintos miembros, su compromiso con el equipo, la gestión de la diversidad del equipo y el desarrollo del liderazgo individual y colectivo. En todo esto debe implicarse con intensidad el primer ejecutivo de la empresa y para ello puede ser de gran utilidad un proceso de Coaching de Equipo seguido de Coaching Individual de cada uno de los miembros. En el funcionamiento de un Comité de Dirección, como en cualquier equipo, influyen poderosamente los aspectos emocionales que hay que gestionar cuidadosamente para evitar que el Comité de Dirección a través de filias y fobias, favoritismos, camaraderías o politiqueos se convierta en un Comité de Directores en el que prevalecen los intereses personales o de departamento frente a los intereses de la empresa que son los que importan. o Los aspectos “hard”, como he dicho, frecuentemente olvidados, son, básicamente, la organización del funcionamiento del Comité, a saber: adecuada y óptima gestión de las reuniones, procesos claros de toma de decisiones... Esta organización del funcionamiento contribuye de una manera importante a la eficacia del Comité y sobre todo a que las reuniones del mismo no sean estériles y, en consecuencia, una pérdida de tiempo a evitar por parte de los miembros del mismo. Por ultimo la tercera diferencia reside en lo que son las misiones más importantes de un verdadero Comité de Dirección. Teniendo en cuenta que tiene que dirigir la empresa sus siete misiones más importantes son:
• En primer lugar, DIRIGIR la empresa para que obtenga los mejores resultados. Ello supone tener una visión, una misión, unos valores y una estrategia e implantar la misma con eficacia.
• En segundo lugar, ASEGURAR LA SOSTENIBILIDAD de estos resultados y PROTEGER los activos materiales e inmateriales para garantizar el buen futuro de la empresa.
• En tercer lugar, EJERCER EL LIDERAZGO al primer nivel y asegurar que existe liderazgo en todos los niveles de la organización.
• En cuarto lugar, RESPETAR las demandas de los clientes, los empleados, la sociedad y los accionistas, a veces contrapuestos, pero ahí reside uno de los grandes retos de dirigir una empresa.
• En quinto lugar, REFLEXIONAR sobre la evolución de la organización para que sea excelente.
• En sexto lugar, SELECCIONAR y RETENER al mejor talento necesario para la empresa.
• Por último, ASEGURAR SU PROPIO FUNCIONAMIENTO para conseguir todo lo anterior y para que todos sus miembros interactúen al máximo dando lo mejor de si mismos. El buen hacer del Comité de Dirección es complejo, pero no difícil y requiere esfuerzo, pero es asequible. Se necesitan decisión, liderazgo, método y sobre todo ponerse a ello. Cuando se consigue el efecto que tiene para la empresa es multiplicador y decisivo. Vicente Blanco, director de Eurotalent

“BABEL”

Todos conocemos la historia de la torre de Babel. La Torre de Babel es una construcción de tipo zigurat que es mencionada en la Biblia, es una historia de ambiciones y de poder: la de unos hombres que desean construir la torre más grandiosa posible para alcanzar el máximo poder, su castigo será el que un buen día estando en plena construcción serán condenados a expresarse cada uno en un idioma diferente y esta imposibilidad de comunicación supondrá el final de su proyecto. Y aquí enlazamos con la película de” Babel”, dirigida por Alejandro González Iñárritu (con la cual completa su espléndida trilogía), en la que la falta de comunicación es otra constante. En un instante, las vidas de cuatro grupos de extraños en tres continentes diferentes (Marruecos, Méjico y Japón) colisionan. Dos jóvenes marroquíes, una pareja de turistas estadounidense, una adolescente japonesa y una niñera mexicana, ninguno de ellos llegará a conocerse a pesar de la inesperada conexión que les une y se quedarán aislados al ser incapaces de comunicarse con las personas que les rodean. La historia de Babel es una historia de personas que no se comprenden y ello agravará su sufrimiento. Padres e hijos que no se entienden (historia de Tokio), una niñera que toma decisiones arriesgadas sin comunicárselo a los padres. Los niños marroquíes que son incapaces de contar lo sucedido por miedo a no ser comprendidos. Y en este tema de comunicación y comprensión, Covey nos dice que no puede haber comunicación si no existe comprensión. A la hora de comunicarnos debemos practicar la escucha empática y cuando hablamos de escuchar empáticamente, hablamos de escuchar con la intención de comprender. Practicar la “escucha empática” significa entrar en el marco de referencia de la otra persona. Ver las cosas a través de “su” marco, comprendiendo su paradigma y lo que esta persona siente. Esto ocurre muy a menudo en nuestras organizaciones. La falta de “comunicación empática” impide el entendimiento y mengua la confianza de las personas en las organizaciones. Las personas estamos llenas de nuestras propias razones, de nuestra propia autobiografía, queremos que nos comprendan pero nuestras conversaciones se convierten en monólogos colectivos y nunca comprendemos lo que le está sucediendo a otro compañero o colaborador. La mayor parte de nosotros no escuchamos con la intención de comprender sino solamente para poder contestar. ¿Por qué? Por que nos han enseñado a hablar en el colegio, hemos aprendido el significado de las letras, cómo formar palabras y pronunciarlas, pero tenemos una asignatura pendiente que es la de escuchar, a esto no nos han enseñado en el colegio ni en la Universidad. Si no existe “comunicación empática”, el “momento humano” concepto empleado por Edward Hallowell que ahora está tan de moda en la empresa, no sirve para nada. El momento humano tiene dos pre-requisitos: la presencia física de las personas y su atención intelectual y emocional. La presencia física sola no es suficiente, puedes trabajar hombro-a-hombro con alguien en un proyecto durante un montón de horas y no tener un sólo momento humano. Y la atención intelectual y emocional sola tampoco es suficiente.
Practicar la “escucha empática” significa entrar en el marco de referencia de la otra persona. Ver las cosas a través de “su” marco, comprendiendo su paradigma y lo que esta siente. De nada sirve dedicar tiempo a la comunicación con nuestros colaboradores o compañeros si no lo hacemos con ánimo de entenderles o comprenderles. Porque al final la percepción de este “momento humano” lejos de ser motivadora puede suponer una rotunda perdida de tiempo para las partes implicadas. El momento humano exige dedicar unos minutos en cuerpo y alma. Implica dejar la mente en blanco para esa persona, dejar de pensar en nosotros y practicar la empatía. Podemos decir que Babel es la vivencia de unas personas que sienten en sus carnes el gran aislamiento producido por la sociedad actual. El disponer de tantos medios de comunicación no presupone el estar más o mejor comunicado. Y ¿no creen que existen todavía muchas torres de Babel en nuestras organizaciones? Y que paradójicamente muchas veces cuantos más medios de comunicación disponemos (teléfonos móviles, correos electrónicos) más aislados nos podemos sentir en la organizaciones si no potenciamos y practicamos estos “momentos humanos”.
Nuria Sáez, gerente de Eurotalent.

EL LÍDER FLEXIBLE: LO QUE HAY QUE TENER

Canal Eurotalent

La Asociación para el Progreso de la Dirección (APD), organización que a lo largo de medio siglo se ha convertido en la más prestigiosa de cuantas apoyan a nuestros directivos, y la Universidad de Deusto, la institución educativa que más y mejores líderes ha aportado al entorno empresarial, nos convocan en este salón de actos para que reflexionemos, bajo el patrocinio de Sanitas, sobre el líder flexible en este siglo XXI.

El Liderazgo es más importante que nunca
La primera pregunta que podríamos hacernos es: ¿De verdad conviene pensar en el liderazgo? Muchos piensan allá que el liderazgo está pasado de moda, que sobre los líderes ya está todo dicho (si queremos comprar en amazon libros sobre el tema, nos encontraremos con más de 319.000 obras, de las que unas 50.000 corresponden al ámbito empresarial y más de 27.000 a biografías; cada año se publican más de 1.000 libros de liderazgo). Hay quienes piensan que no existe el líder, sino la empresa líder, que el liderazgo está sobrevalorado o que hemos de volver al gestor de “toda la vida”. Sin embargo, me temo que el liderazgo es más importante que nunca, y principalmente por tres razones:

En primer lugar, porque vivimos en un entorno en el que el talento es más escaso que el capital, y el liderazgo no es otra cosa que talento directivo, para dirigirnos a nosotros, a un equipo o a toda una organización. Hay mucho más dinero en el mercado que talento dispuesto a aprovecharlo y por ello el liderazgo, entendido como esa capacidad para marcar la pauta, para llevar la iniciativa, para inspirar y aportar energía, es especialmente relevante.
Pero además, vivimos en plena economía de la atención. Las organizaciones necesitan destacar, salir del montón, ser relevantes en la mente del cliente. De ahí la importancia de la reputación, del marketing, de la responsabilidad social corporativa, de todas las iniciativas para ser conocidos y reconocidos. El liderazgo es el vector fuerza de esas acciones.
Y finalmente, estamos observando nuevas realidades: el auge del indigenismo y de los nuevos populismos en Iberoamérica, el talento femenino (Angela Merkel, Segoléne Royal, Hillary Clinton, Condoleza Rice…), los modelos de salida de la pobreza (como el que está implantando en los países de África Hu Jin Tao, tras haber “sacado” de la pobreza a más de 300 millones de chinos). Son nuevas formas de liderar, que todavía no comprendemos bien.
El primer fenómeno se resuelve desde el concepto de clase creativa, acuñado por el profesor
Richard Florida y que agrupa a todos aquellos profesionales que aportan valor desde sus distintas responsabilidades. El auge y desarrollo de la clase creativa depende de tres T: Talento, Tecnología y Tolerancia, que Ángela Merkel, como Presidenta actual de la Unión Europea, convirtió el pasado 17 de enero, en el Parlamento europeo en el nuevo eslogan de la Unión de los 27. En sus palabras: “tecnología, talento y tolerancia. Sólo cuando estos tres factores van juntos es posible el crecimiento sostenido. Tecnología, talento y tolerancia. ¡Qué buenas noticias para Europa, que buena máxima para nuestra acción! Tecnología, talento y tolerancia – Europa liderando la innovación, Europa liderando el progreso científico, tecnológico, económico y social. Y Europa liderando el conocimiento. A este fin Europa inventó una gran institución, las universidades. Porque la condición para que la curiosidad se desarrolle libremente es la tolerancia”.
Esa curiosidad, ese descubrimiento, esa capacidad para sorprender y destacar es la que hoy llamamos océanos azules. Son los movimientos estratégicos para ser diferentes y convertir la competencia en irrelevante, analizados por Kim Chan y Renée Mauborgne, del Instad. Como el Circo del Sol, como Zara, como Imaginarium, como House…
Y las nuevas realidades nos exigen inteligencia contextual. Es la capacidad personal y colectiva para entender lo que está pasando a nuestro alrededor. El liderazgo de este siglo XXI está efectivamente desfasado si no contempla la atracción y desarrollo de la clase creativa, si no sirve para que la organización se convierta en un océano azul y si no se basa en la inteligencia contextual, en entornos de cambio acelerado.
Qué debe tener el/la líder
En las empresas españolas, según las últimas investigaciones, sólo uno de cada seis jefes o jefas es un “líder resonante”, generador de un clima de satisfacción, rendimiento y desarrollo. Tres de cada seis está en zona intermedia. Y el 36% resultante (más de un tercio) son o somos “jefes tóxicos”, que provocan un clima laboral asfixiante, absentismo emocional y baja productividad.
Cinco cualidades destacan en el/la líder de hoy, según Gene Klann, del Center for Creative Leadership (Building Carácter, 2007):
Coraje/Valentía, Compasión, Optimismo, Autocontrol y Comunicación. La Valentía es, como la ha definido recientemente mi admirado José Antonio Marina, “ética en acción”. El/la líder con coraje posee una clara visión de futuro, asume riesgos, actúa, decide con seguridad, delega, persevera, gestiona el conflicto, muestra independencia y está segur@ de sí mism@. Son tiempos difíciles y, como solía decir el presidente Truman, “si no aguanta el calor, mejor que salga de la cocina”. El/la líder debe combinar la valentía con la compasión entendida, no como caridad sino como comprensión de los demás: como la capacidad para mantener una buena interacción social, escuchar con atención, desarrollar a los demás, reconocer el talento, tratar a las personas con equidad, gestionar la diversidad y anticiparse a los cambios. La tercera cualidad es el optimismo (la actitud positiva, la capacidad de inspirar a otros, de responder correctamente a las circunstancias y de ver oportunidades donde otros ven problemas). La cuarta es el autocontrol, entendido como capacidad de adaptación, resistencia al estrés y capacidad para mantener la calma. La quinta característica de los/las líderes actuales es la comunicación: hablar bien, dar ejemplo, escribir correctamente, escuchar con atención y hacer equipo.
En cierto modo, estas cinco cualidades se corresponden con los cinco dominios de la inteligencia emocional que Daniel Goleman expuso hace más de 10 años y que rebautizamos con cinco eses: Seguridad, Serenidad, Superación, Servicio y Sinergia. En esta década los dominios, lejos de limitarse, se han expandido: la seguridad en uno mismo (autoconfianza) proporciona Valentía; la serenidad es Autocontrol; la Superación se alcanza a través del Optimismo; el componente de servicio a los demás es Compasión y la influencia honesta (sinergia) se obtiene a partir de la Comunicación. Nada ha cambiado pero, respecto al liderazgo, las apuestas han subido.

Qué debe evitar
La otra cara de la moneda son los comportamientos que tod@ líder ha de evitar, los hábitos destructivos. Acudo a Marshall Goldsmith, el más famoso coach empresarial de los Estados Unidos (en su último libro, “What Got you here won’t get you there”, 2007) y a la propia experiencia de Eurotalent con casi un millar de directivos en los últimos cinco años. Y encuentro que esos malos hábitos, a modificar, coinciden en un 90%. Los divide en siete bloques.
En el primero, nos encontramos con “perder el control en las situaciones que me sacan de quicio”, “utilizar la visceralidad como una forma habitual de dirigir”, “matar al mensajero de manera frecuente”. Son tentaciones de la Ira, que es una excitación excesiva ante la adversidad. Confucio nos enseñó que “quien domina su ira, domina a su peor enemigo”. En el segundo, hábitos como “añadir un comentario personal en cualquier discusión o aportación de otro”, “decirle constantemente al mundo lo listo que soy” o “no practicar el reconocimiento a los colegas o colaboradores”. Son tentaciones de la Soberbia, una estima sobrepasada que busca la atención constante. Conviene recordar al directivo, por mucho éxito que tenga, que es mortal; que sea humilde y humano.
En el tercer bloque se sitúan peligrosos hábitos como el de “evaluar constantemente a los demás”, el de la negatividad (“déjame explicarte por qué no funcionará”) y el de no expresar gratitud en momento alguno. Son sutiles formas de Envidia, el rencor o tristeza por las cualidades del otro. En un equipo de alto rendimiento, los logros son de todos. Napoleón decía que “la envidia es una declaración de inferioridad”.
El cuarto es el que corresponde a “querer ganar a toda costa, aun machacando al otro”, “hacer comentarios despectivos, abusando del sarcasmo” y “no escuchar apenas a los demás”. Son tentaciones de Lujuria, entendida ésta no como falta de castidad sino como falta de respeto. Hemos de desterrar la idea de tratar al otro como un “recurso”, sustituir ese terrible pensamiento de Hobbes (“el lobo es un lobo para el hombre”) por el más práctico de nuestro compatriota Séneca (“la persona es un ser sagrado para otra persona”).
El quinto bloque incluye hábitos como “ocultar información para parecer más importante”, “empezar cada comentario con un no o un pero” (porque yo soy siempre el que tiene razón) o “apuntarme los tantos de los demás (hacer el robamedallas)”. Son sutiles variantes de la Avaricia, un deseo desordenado de posesiones (no exclusivamente dinero: información, logros, opiniones acertadas). Gandhi dijo que “en la Tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la codicia de algunos”.
El sexto corresponde a hábitos perniciosos como “obsesionarse con alcanzar los objetivos constantemente”, abusar de filias y fobias (“estás conmigo o contra mí”) o “no asumir jamás la culpa de mis errores”. Son las nuevas formas de Gula, deseo desordenado de “comer” no exclusivamente ligado al alimento o la bebida, sino a los objetivos, las relaciones o los fallos. Fernando Savater ha escrito que “la gula se convierte en pecado cuando ofende al derecho o las expectativas del otro al comer lo de los demás, acaparar y dejarlo con poco o nada”.
Finalmente, hábitos como pensar que “soy como soy y ya no puedo cambiar”, “excusarme o justificarme constantemente” o “añorar el pasado, esperando que vuelva”, tentaciones de la Pereza.
En definitiva, la Inteligencia Social (la parte de la Inteligencia Emocional relativa a las interrelaciones) consiste en evitar esas “bajas pasiones”, señaladas por Gregorio I el Magno en el año 600 y concretados por Tomás de Aquino (1225-1274), el principal filósofo escolástico.
¿Qué puede hacer el/la líder? Recurrir a la reflexión, al descubrimiento y a un plan de acción para cambiar de hábitos. Precisamente lo que busca (y logra) el coaching estratégico.

Un/a líder bien equipad@
Sabemos qué debe hacer y qué debe evitar el/la líder en este siglo XXI. ¿Y qué debe llevar? El Liderazgo de nuestros días requiere un equipamiento completo que incluye:

Un proyecto personal, de equipo y de empresa. Somos seres necesitados de proyecto. Sin ese plan, sin esa estrategia, sin la capacidad de ejecutarla, el liderazgo queda en nada.
Ilusión, que es la esperanza cuyo cumplimiento resulta especialmente atractivo. Es líder quien es capaz de ilusionar.
Disfrute. Sólo quien disfruta aprovecha su talento.
Escucha y emisión de mensajes: la comunicación en los dos sentidos.
Reflexión: el/la líder ha de dedicar tiempo a pensar dónde está y a dónde quiere llegar. Flexibilidad: Valores innegociables y ser flexible en todo lo demás. La mente y el espíritu, tanto como el cuerpo, necesitan “stretching”.
Vivimos tiempos fascinantes, en los que las posibilidades son enormes, en los que la globalización
es una gran oportunidad, en el que la Unión Europea está redefiendo (con Talento, Tecnología y Tolerancia) su sitio en el mundo. Por ello, los/las líderes han de ser más flexibles que nunca y situar el desarrollo profesional y personal entre sus prioridades.

NO TRAICIONÉIS VUESTRO TALENTO

Juan Carlos Cubeiro, director de Eurotalent APD Norte el 6 de febrero de 2007

En la deliciosa película Miguel & William, escrita y dirigida por Inés París, éste es precisamente el consejo final que Leonor, la prometida del duque de Ovando (magistralmente interpretada por Elena Anaya), le da a sus amigos Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Ciertamente, la vida de los dos mayores genios de la literatura universal, de los autores de El Quijote y Hamlet, no fue precisamente un camino de rosas, pero fueron capaces de superar las adversidades y de ofrecer su obra al mundo.
El Talento se aprovecha o se traiciona. La Dra. Carol Dweck, profesora de la universidad de Stanford y una autoridad en psicología del desarrollo, acaba de publicar The power of mindset, aquí mal traducido por La actitud del éxito, con lo que parece uno de tantos textos de autoayuda al uso con soluciones milagrosas que invaden nuestras librerías. Y sin embargo no es así. A lo largo de más de 20 años, Carol Dweck ha comprobado que las personas contamos con una de dos mentalidades: la fija (el talento como don; esto es, se tiene o no se tiene) y la de crecimiento (el talento como esfuerzo; un talento que se alcanza o no). Esta diferencia lo determina todo. “La visión que tenemos de nosotros mismos afecta en profundidad a nuestra forma de gobernar nuestra vida”. Y esto que parece tan nuevo, es el centro de la filosofía budista, con 2.600 años de antigüedad: “Creamos el mundo con nuestros pensamientos”, para bien y para mal. Es la esencia de la libertad y de la responsabilidad. Los partidarios de la mentalidad fija (que son la mayoría, por el modelo social y el sistema educativo que nos ha tocado sufrir) rechazan inconscientemente, sin darse cuenta, las oportunidades de aprender. Como creen que la inteligencia viene dada, está “empaquetada”, se hunden ante los errores y malos resultados. El fracaso pasa de ser una consecuencia (he fracasado) a convertirse en toda una identidad personal (soy un fracasado, pertenezco a los fracasados, yo soy así). Ante el temor al fracaso, los de mentalidad fija prefieren una vida cómoda y sin desafíos. Que decidan otros por uno mismo. Van por la vida de turismo. Los que creen en el crecimiento (y lo practican día a día) se enfrentan a las adversidades, las superan y siguen adelante. Saben que la vida es toda una aventura, que se ha de vivir intensamente. Malcolm Gladwell, periodista de The New Yorker y autor de libros de éxito, sugiere que como sociedad valoramos los logros naturales y que se consiguen sin esfuerzo por encima de los retos
“La visión que tenemos de nosotros mismos afecta en profundidad a nuestra forma de gobernar nuestra vida”. que se consiguen a través del esfuerzo. Miramos a los deportistas de élite o a Christopher Reeve como una excepción y no como la pauta de desarrollo humano. El inolvidable protagonista de Supermán dio su verdadera dimensión como ser humano cuando se propuso recuperar el movimiento tras partirse el cuello en 1995 (los médicos insistían que era un caso perdido). En los deportistas de élite buscamos talentos especiales, inamovibles, y mitificamos el liderazgo como una cualidad innata. Y sin embargo, tanto Reeve, como las vidas de cualquier deportista o artista, pienso en pintores como Pollock, de escritores como Proust, de músicos como Elvis Presley o Ray Charles, de científicos como Charles Darwin, nos enseñan una y otra vez que, respecto al talento, convertirse es más importante que ser. En la mentalidad fija todo gira en torno al resultado. En la de crecimiento, el talento se cultiva, se libera, se aprende a reconocer los puntos fuertes y a actuar de verdad sobre las oportunidades de mejora. Europa, en concreto, tiene una enorme oportunidad en este sentido. Ángela Merkel, presidenta de la Unión de los 27 este semestre, la expuso el pasado 17 de enero en la sesión inaugural del Parlamento Europeo. Talento, Tecnología y Tolerancia como bases de la nueva Europa, que apuesta por la innovación sin abandonar el bienestar. El fomento de la curiosidad, que nos es tan propia, a través de la tolerancia, del debate sin confrontación. Un modelo de unión desde la libertad y la voluntad de superarse. La idea de talento propia de la mentalidad de crecimiento no admite excusas. No se deja enchufar a la televisión horas y horas para no aprender nada, para que otros vivan la vida de uno. No entrega su existencia a un “gran hermano” para estar cómodo en la butaca, sino que se atreve a ser feliz por sí mismo, a partir del esfuerzo diario. Ya nos lo decía aquella profesora de la película de Alan Parker (y de la teleserie posterior): “La fama cuesta. Y aquí es donde vais a empezar a pagar”. Como padres, como maestros, como entrenadores, como jefes, como amigos, hemos de establecer estándares exigentes y a la vez ser cercanos y cariñosos, valorando el esfuerzo, el avance, por encima de los resultados en cada momento. No deja de ser curioso que sea precisamente el talento femenino (la cineasta Inés París, la psicóloga Carol Dweck, la presidenta Ángela Merkel) el que confluya en esta idea de crecimiento. Será porque las mujeres nunca lo han tenido fácil en esto de ser reconocidas por su talento. Pero ha llegado la hora. Es evidente. La hora de aprovechar el talento por encima de géneros, de etnias, de edades, de experiencia. La hora de no traicionarlo nunca más.

Juan Carlos Cubeiro, director de Eurotalent Publicado en Cinco Días el 10 de febrero de 2007

¿QUÉ NÚMERO ES USTED?

Un nuevo sistema de reconocimiento de la personalidad está entrando con fuerza en los departamentos de recursos humanos de las empresas, el eneagrama. A través de 144 preguntas se encuadra a cada persona en un número del 1 al 9: el entusiasta, el leal, el individualista, el ayudador... Johnny Depp es un 4; Tom Hanks, un 6. Van Gogh era un 5, y Picasso, un 8. Los directivos de la CIA, de Microsoft, de Sony, de Pizza Hut y del Hotel Ritz, entre otros, emplean números del 1 al 9 para conocerse a sí mismos, a los miembros de sus equipos y a sus socios, y de ese modo aumentar la calidad de su trabajo y de sus relaciones. Estas cifras conforman un sistema de reconocimiento de la personalidad denominado eneagrama que se está haciendo muy popular en el mundo de los recursos humanos. Pero no está ni mucho menos limitado al entorno empresarial, sino que cualquier individuo puede emplearlo para el autoconocimiento, para mejorar las relaciones personales e incluso para educar a sus hijos. “Es un sistema para comprendernos y para comprender a los otros”, explicaba recientemente Russ Hudson, cocreador de una de las dos corrientes más importantes de uso del eneagrama. Aunque tímidamente, en España ya ha comenzado a emplearse. “Lo más habitual es que sean empresas multinacionales las que nos pidan directamente trabajar con el eneagrama porque ya lo conocen de las filiales en otros países”, asegura Marta Romo, pedagoga y gerente de la consultora Eurotalent. Pero también las españolas están incorporando esta herramienta en sus organizaciones. “El eneagrama te permite ver el potencial de cada persona del equipo y trabajar tanto individualmente como en grupo para sacar el máximo partido de su personalidad”, asegura Javier González, gerente de Francasalu, una empresa de inversiones. “En la psicoterapia breve se necesita conocer lo antes posible las personalidades para detectar los bloqueos y avanzar rápidamente, y el eneagrama es la herramienta más potente que conozco. Además ofrece muchas claves para que el individuo maneje las situaciones de estrés”, explica Victoria Cadarso, psicóloga discípula de Hudson y codirectora del Centro ITIEE. Cada uno de los nueve eneatipos ha recibido nombres diferentes según las distintas escuelas, pero en todos los casos dan una imagen muy rápida del tipo de persona de que se trata (en el cuadro adjunto se incluyen los utilizados por Hudson y Riso). Al leer las características de cada tipo, lo normal es sentirse identificado, porque la base del eneagrama es que potencialmente todos llevamos los nueve tipos en el interior y, de hecho, el objetivo es lograr utilizarlos todos según las necesidades. Sin embargo, lo habitual es que sólo se manifieste uno, que es el que conforma la personalidad. ¿Y cómo determinar a cuál se pertenece? Existen baterías de preguntas específicas para encontrar con precisión el eneatipo. Russ Hudson y Don Riso han desarrollado un cuestionario con 144 preguntas que permite determinar con precisión la categoría a la que se pertenece. En la página web del Enneagram Institute (http://www.enneagraminstitute.com/) se puede encontrar una versión simplificada y gratuita que contiene 36 cuestiones en formato test. Para contestar las preguntas, Russ Hudson da un truco muy sencillo. La clave está en observarse un tiempo y ver el comportamiento que aflora en las situaciones de tensión, cuando hay dificultades. En esos momentos aparece nuestra personalidad principal, aquella que nos saca de los apuros. Por ejemplo, un 9 (el pacificador o mediador) pone cara de que no pasa nada aunque por dentro le esté comiendo la rabia. La estrategia del 2 (el ayudador o generoso) es resolver los problemas de los demás para olvidarse de los propios. Los miedos y los deseos dan importantes pistas sobre el eneatipo al que se pertenece. El 4 (el individualista o romántico) tiene miedo a no tener importancia para los otros, por eso crea permanentemente cosas nuevas, estilos; el 1 (el reformador o perfeccionista) teme no ser perfecto, de modo que sigue las normas al pie de la letra; el 6 (el leal, escéptico, apaciguador) busca la seguridad, es el especialista en imaginar todos los problemas que pueden surgir y tiene tendencia a refugiarse en el matrimonio, y el 3 (el triunfador o actor) tiene como deseo lograr el éxito, ser el mejor por encima de todo. Los nueve tipos se pueden agrupar en tríadas. Los 8, 9 y 1 forman la tríada del instinto. Reaccionan con las áreas cerebrales más ancestrales, aquellas que se encargan de la supervivencia. Su estrategia en los momentos difíciles consiste en crear muros para que nada ni nadie tenga acceso a ellos. Los 2, 3 y 4 son la tríada del sentimiento, y cuando se sienten bajo presión ponen en funcionamiento el área cerebral asociada a las emociones, el sistema límbico. Su objetivo es obtener el reconocimiento y el afecto. La última tríada es la del pensamiento. Los 5, 6 y 7 viven inmersos en su mente imparable, en sus ideas. Necesitan saber que el otro está ahí, pero protegen su espacio. Algo muy importante a tener en cuenta es que ninguno es mejor que otro, sino que cada tipo tiene su luz y su sombra. Dos personas que pertenecen al mismo tipo pueden tener comportamientos aparentemente contrarios, porque una manifiesta el aspecto más negativo mientras que la otra encarna el positivo. Lo primero que viene a la cabeza, a la vista de esta clasificación, es un cierto reduccionismo sobre la condición humana y su comportamiento. Sin embargo, Russ Hudson responde que la verdadera limitación se encuentra en el hecho de pensar que estamos condenados a actuar siempre de la misma forma. “Cuando conoces tu tipo se abre un espacio de creatividad que te permite ampliar el repertorio de modos de interacción con los otros y contigo mismo”, explica. “Lo importante es crear nuevos hábitos. La tendencia sigue estando ahí, pero cada vez es más fácil hacer otras cosas”. Eso es lo que persigue el trabajo con el eneagrama: que el individuo descubra e integre numerosos modos de actuar, de forma que pueda elegir el más conveniente en cada situación. Precisamente, Javier González transmite esto a sus equipos comerciales. “Les digo que ellos no pueden cambiar a los clientes, pero que sí pueden modular su forma de actuar para mejorar la interacción”. Todos los profesionales de un ámbito u otro que trabajan con el eneagrama coinciden en que es una herramienta extraordinaria para abordar los conflictos en las relaciones. “Se pasa de juzgar a entender. Ver al otro y comprenderlo desde su perspectiva aporta muchísimo”, afirma Marta Romo. Victoria Cadarso afirma que “en las terapias de pareja es muy útil porque permite ver rápidamente cuáles son los puntos de desencuentro y los de entendimiento”. Para los que tengan reservas, Russ Hudson aclara que “para utilizar el eneagrama no hay que creer en nada; en cuanto se conoce un poco, se descubre que es muy simple porque refleja perfectamente la experiencia diaria”. Eso sí, como toda herramienta de conocimiento, tiene dos usos: “Si se emplea correctamente crea conexiones entre la gente, si se hace inconscientemente crea distancia”. Russ Hudson dirigirá en mayo un curso en el Centro ITIEE de Madrid. ‘La sabiduría del eneagrama’, de Don Richard Riso y Russ Hudson (Mundo Urano).
Nueve tipos de personas
El reformador 01) Pretende ser perfecto y tener los valores morales y políticos correctos. Son personas con fuertes convicciones, con creencias muy sólidas sobre el modelo de vida más adecuado, y luchan por él. El Che Guevara, Gandhi, Katharine Hepburn o Hillary Clinton son típicos 1. Si se equivocan pueden llegar a ser crueles consigo mismos.
El ayudador 02) No les gusta estar bajo los focos, son los perfectos asistentes de las estrellas o del presidente. En este grupo se encuentran la Madre Teresa y Barbara Bush. Cuando el tipo 2 llega al extremo patológico se vuelve obsesivo; un ejemplo es el personaje de Glenn Close en la película Atracción fatal.
El triunfador 03) El 3 es el orgullo de la familia porque es el mejor en lo suyo. Sabe usar sus talentos y busca satisfacer las expectativas de los demás. EE UU es un país tipo 3. Los políticos de este grupo, Tony Blair y Condoleezza Rice, por ejemplo, son los expertos en leer los deseos de la gente. Tom Cruise o Madonna son dos famosos 3. En el extremo negativo, son personas capaces de saltarse toda norma ética y de usar cualquier medio para conseguir el éxito.
El individualista 04) Aquí se encuentran los creadores de estilo, aquellas personas que persiguen por encima de todo expresar su singularidad. Son personas sensibles, temperamentales, ensimismadas, con tendencia a la depresión. Muchos poetas, escritores y artistas pertenecen a este grupo: Bob Dylan, Virginia Wolf, Johnny Deep, Miguel Ángel…
El investigador 05) Tratan de entender y de crear el mundo. Se consagran a una tarea hasta que llegan a lo más profundo, al estilo de los científicos como Einstein o Charles Darwin, que pertenecen a este grupo. Les gustan las cosas inusuales y crean mundos increíbles para los otros, como la autora de Harry Potter, J. K. Rowling, o los directores de cine Tim Burton, David Lynch y Stanley Kubrick. En el lado más tormentoso se sitúan personajes como Kurk Cobain.
El leal 06) Están siempre imaginando todos los problemas que pueden surgir, para evitarlos. No tratan de ser importantes; son encantadores, cuidadosos… Es el caso de Tom Hanks, Lady D, Julia Roberts. Pero en ocasiones se cansan y explotan, provocando cualquier escándalo (véase Mel Gibson o Bruce Springsteen). Instituciones como la NASA o la Universidad pertenecen a este eneatipo.
El entusiasta 07) Los y las 7 tienen una energía extraordinaria, les apasiona todo lo nuevo. Para ellos, la libertad es tener opciones. Son muy creativos y extravagantes. Mozart, Leonardo da Vinci, Pablo Neruda y Steven Spielberg encajan en este tipo. También les gusta entretener a la gente, gastar bromas y montar espectáculos. Y como muestra, Brad Pitt, Freddy Mercury, Elton John o Jim Carrey.
El desafiador 08) También se les denomina el tipo jefe porque les gusta tomar decisiones, tener el control. Son valientes, intensos y apasionados, así que no es de extrañar que en este grupo haya muchos salvadores y también muchos dictadores. Martin Luther King, Oscar Schindler, Mijaíl Gorbachov, Sadam Husein, Fidel Castro… Pero también están los apasionados por la vida, como Picasso, Bette Davis o Sean Connery, y los creadores de imperios al estilo Rockefeller, Murdock o Donald Trump. El pacificador 09) Mucha gente busca un 9 para casarse porque el objetivo de este grupo es no crear problemas. Son humildes y callados, aunque pueden llegar a ser fríos y cerrados como una roca. Pueden ser famosos, pero no se les nota (Keanu Reeves, Sofia Loren), y muy creativos, pero discretos (George Lucas).
Ángela Boto, periodista Publicado en el País Semanal, el 18 de febrero de 2007